Saturday, June 02, 2007

Respuesta

Pensó mucho antes de escribirle y resolvió no hacerlo.
Una vez más llamó a su casa y volvió a cortar. Ingenuamente, casi bordeando a una adolescente esperaba que él adivine y que la llame en ese instante. Esperaba que la ropa se corra y que ya no moleste, que deje tranquilos a sus ojos y que se los mastique sin palabras. Pero aquello no ocurrió y, entonces ella se desescamó sabiendo que para él no había telones, ni llamados, ni tiempos posibles.
Porque sabía que a él le quedaba menos holgada la certeza que la incertidumbre y ella, era un movimiento, un errar hacia alguna parte. Aun así, lo adivinaba. De a ratos, casi lo leía. Leía que sus sonidos se desgranaban y que las palabras le molestaban y que pese a que no lo hiciera nunca, en este instante estaba allí, donde ella lo inventaba. Desmoronando su cama, desgajando su sexo.